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Aceite de oliva y cáncer

Aceite de oliva y cáncer

El cáncer representa una de las principales causas de muerte en los países desarrollados, donde, además, es creciente. La dieta y en especial la grasa ha sido relacionada con un aumento del riesgo de padecer, especialmente, cáncer de mama, colon y próstata. Los bajos niveles de prevalencia en los países mediterráneos de distintos tipos de cáncer, han hecho que se preste gran atención a los alimentos que más la caracterizan y en concreto al aceite de oliva, pescado y frutas y verduras.

Recientes estudios han puesto de manifiesto que el tipo de grasa parece tener mayor influencia que su cantidad en cuanto a la aparición del cáncer. Se ha observado una menor incidencia de diversos cánceres en los países mediterráneos en comparación con otros del norte de Europa y los Estados Unidos.

Los bajos niveles de prevalencia en los países mediterráneos de distintos tipos de cáncer, han hecho que se preste gran atención a los alimentos que más la caracterizan y en concreto al aceite de oliva, pescado y frutas y verduras.

Proceso cancerígeno

Iniciación. El daño al ADN que es posible conduzca a una mutación se puede producir por diversos agentes, desde la hidrólisis espontánea de una base nucleotídica a fallos en la replicación, pasando por el ataque por diversos xenobióticos. Destaca no obstante el dano oxidativo de una base como el paso de guanina a oxoguanina, que finalmente conduce a una mutación.

Promoción. Proceso reversible de activación génica resultado de la acción de sustancias exógenas como son xenobióticos, o de sustancias endógenas como especies reactivas de oxígeno y otros radicales libres, que dan lugar a un crecimiento incontrolado de unas células en concreto, que permanecen unidas y localizadas (tumor benigno).

Progresión. Proceso irreversible en donde mutaciones adicionales proveen de carácter invasivo a las anteriores células, pudiendo alcanzar otros tejidos (metástasis).

Efectos del aceite de oliva sobre el proceso cancerígeno

El aceite de oliva, especialmente el virgen, puede intervenir en diversos procesos implicados en las tres fases acabadas de mencionar.

Iniciación.

La generación de radicales libres se ve condicionada en gran medida por el grado de insaturación de la grasa, de modo que a mayor número de dobles enlaces en la molécula de ácido graso mayor potencial oxidante. En este sentido el ácido oleico, mayoritario en el aceite de oliva, presenta un mejor comportamiento que ácidos grasos poliinsaturados de la serie n-6, como linoleico y araquidónico (mayoritarios en aceites de semillas como girasol, maíz, etcétera) y que ácidos grasos poliinsaturados de la serie n-3, como eicosapentaenoico y docosahexaenoico (mayoritarios en los aceites de pescado).

Por otro lado, el aceite de oliva presenta un gran riqueza en antioxidantes como la vitamina E y determinados compuestos fenólicos, los cuales parecen proporcionar un mayor grado de protección frente al daño oxidativo del material genético. Cabe también destacar que sus componentes tienen menores efectos inflamatorios que otras grasas.

Promoción.

Para que se lleve a cabo es necesario un aumento de la proliferación vascular que posibilite el crecimiento del tumor y su mantenimiento nutricional. Paralelamente, el sistema inmune del organismo debe ser alterado con objeto de evitar la acción de los mecanismos de defensa frente a células extrañas como son las células cancerígenas.

En estos procesos han resultado ser claves diversos metabolitos derivados del ácido araquidónico, entre los cuales cabe destacar la prostaglandina E2 (PGE2), cuya concentración se eleva significativamente durante el cáncer. La ingesta de grasa rica en ácido araquidónico o más concretamente en alguno de sus precursores, como el ácido linoleico, potencia la producción de PGE2, lo que facilita la progresión del tumor. De este modo, el efecto beneficioso del aceite de oliva desde el punto de vista de atenuar la progresión del tumor vendría determinado por la menor producción de prostanoides.

Progresión.

Si bien se desconoce el papel de los ácidos grasos durante este proceso, sí que se ha establecido una clara relación con el estado oxidativo celular y el papel de los radicales libres. Así, las grasas que proporcionan mayor ventaja frente al estrés oxidativo, como el aceite de oliva, potenciarán en menor grado la metástasis que aquellas que sean claramente prooxidantes, como los aceites de semillas.

En resumen, el aceite de oliva genera patrones hormonales que no estimulan los procesos cancerígenos, alteran menos el sistema inmune, generan niveles significativamente inferiores de eicosanoides relacionados con el crecimiento tumoral, y alteran la expresión génica de numerosos elementos relacionados con la proliferación celular en menor nivel al que lo hacen otras grasas, fundamentalmente de tipo AGP n-6.

Fuente: Informe del instituto Omega-3 Aceite de oliva virgen: nuestro patrimonio alimentario y el libro Aceite de oliva, alma del mediterraneo

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